REFLEXIONES: Emoción y Sorpresa

Es muy difícil que algo que no se entiende emocione o guste en general, sobre todo en el ámbito de la arquitectura. Lo que hace emocionante a un proyecto es cuando entiendes los motivos de cada gesto y, a causa de eso, valoras más las decisiones que toma el arquitecto para generar el proyecto.

Aquí surge uno de los mayores retos del Arquitecto: entender que la buena arquitectura no se compone de decisiones de gusto personal; sino de anteponer lo que pide el proyecto a sus gustos personales. Analizar correctamente estas necesidades es clave para crear espacios que realmente emocionen a los usuarios.

Un ejemplo claro es la Capilla Bruder Klaus, de Peter Zumthor. Su fachada simple produce una primera impresión neutra, pero al entrar, el interior sorprende y contrasta con lo esperado. La sorpresa despierta curiosidad, la curiosidad lleva a entender el proyecto y, una vez entendemos el proyecto, si este está bien ejecutado, provoca emoción.

En 2001, en el pueblo de Mechernich-Wachendorf, en Alemania, una comunidad agrícola católica quiso rendir homenaje a su patrón, San Nicolás de Flüe (Bruder Klaus), un ermitaño suizo del siglo XV.
La comunidad buscaba un arquitecto capaz de transmitir espiritualidad y emoción a través de la arquitectura, y dio con Peter Zumthor, ya reconocido en el mundo de la arquitectura.
Zumthor aceptó con dos condiciones: no cobrar honorarios por el trabajo y que la mano de obra que levantara la capilla fueran los propios agricultores.

Los sistemas constructivos utilizados para levantar la capilla debían ser bastante sencillos, ya que los agricultores no tenían conocimientos de albañilería. Por tanto, Peter Zumthor optó por talar varios troncos para hacer una especie de “tienda india”. Luego levantó unos muros verticales en el exterior para perimetrar el encofrado y ubicó unos tirantes de lado a lado del mismo, con el fin de retener las cargas horizontales que pudiera provocar el hormigón líquido.

Así, rellenando el encofrado, se levantó la capilla. Una vez que el hormigón se secó, fue relativamente fácil retirar la parte exterior del encofrado, pero aún más sencillo resultó retirar la parte interior, ya que lo único que tuvieron que hacer fue quemar la capilla por dentro. De este modo se consiguió la textura tan singular del interior, con el hormigón mostrando formas ondulantes y el tono oscuro característico.

Respecto a los agujeros que quedaron de los tirantes, cualquiera de nosotros habría decidido rellenarlos con más hormigón para taparlos. Sin embargo, Zumthor optó por rellenarlos con resina transparente, de modo que la luz pudiera llegar al interior, generando una sensación de noche estrellada durante el día.

Por último, quedaba pensar en cómo sería la puerta. Y si pudiésemos hablar con los edificios y preguntar a este proyecto cómo debería ser su entrada, solo podría tener una forma, igual que la sección del interior de la capilla, la puerta pedía ser triangular.

Así, Peter Zumthor terminó su obra en cuanto a la sorpresa. Pero, ¿cómo logró generar emoción?

El ejercicio emocionante en este proyecto reside en la capacidad de ir más allá del encargo. Los agricultores solo pedían una capilla para el santo al que tenían devoción, pero Zumthor leyó correctamente lo que los residentes buscaban, al hacer que construyeran la capilla con sus propias manos. Él les ofreció un lugar en el que se sentirían realmente a gusto, gracias al nexo que se crea entre el artista y su obra.

Obviamente, bajando los pies a la tierra, no podemos hacer que nuestros clientes construyan sus proyectos, pero sí está en nuestra mano leer correctamente lo que pide el cliente y entregarle un proyecto que le produzca emoción y sorpresa.

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